En España, a este lado del túnel, se necesitan programadores. Y los programadores necesitan una reivindicación urgente de su profesión, que recupere el legítimo orgullo de quien crea, de quien desarrolla, de quien se responsabiliza de un todo, de quien se enamora de un proyecto y no se limita a ser un obrero en el mismo, sino un verdadero arquitecto. Se buscan programadores con orgullo y capacidad para serlo. Pero por lo que se ve, habrá que mirar debajo de las piedras.